Opinión
Artículos de opinión firmados por asociados de "Por nuestro Betis"

Blog de la semana: La afición, su comportamiento y su responsabilidad, en cinco preguntas.

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La situación cada vez más catastrófica a la que el Real Betis Balompié está siendo arrastrado por la SAD hoy al cargo de su gestión, y la enorme frustración y desconcierto en que ello tiene sumido al beticismo, hacen que con mucha frecuencia muchos béticos estemos cayendo en más amargo autodesprecio, culpando exclusivamente a la afición verdiblanca de la pesadilla que estamos viviendo. Ante eso quiero aportar ciertas ideas que creo significativas. 

1. ¿CUÁL ES EL “HECHO DIFERENCIAL” BÉTICO?

Me temo que se ha vuelto un lugar común achacar al bético por el hecho de serlo, como cosa consustancial, características que en parte son universales y en parte endémicas de nuestra tierra, como la pasividad o escasa capacidad organizativa y reivindicativa. Pero yo no veo que en los movimientos vecinales, sindicales o políticos haya menor proporción de béticos que de aficionados de otros equipos. No creo que sea en absoluto la pasividad la peculiaridad del bético.

A mi juicio nuestra gran virtud es a la vez nuestro gran pecado, una fidelidad llevada al extremo. El Betis ha sido tan maltratado por la historia, tan repetida y fuertemente agredido por elementos externos, que como la antigua China imperial ante las hordas siberianas, se ha empeñado en la construcción de un blindaje exterior, nuestra particular “gran muralla verde”, en forma de filosofía del “manquepierda”: nos harán lo que nos hagan, pero no cejaremos. Ello requiere una nítida separación entre el “nosotros” y el “los otros”, una desconfianza marcada hacia el exterior y una entrega ciega a lo que se proponga desde dentro.

Eso ha permitido la supervivencia a travesías que habrían acabado con cualquier otro, pero lleva implícito un peligro mortal. 

2. ¿TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS?

Siempre he estado de acuerdo con aquello de que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, pero en un sentido muy genérico. Los pueblos cambian y se enfrentan a retos nunca vistos antes, hoy tienen un gobierno aceptable y mañana se derrumba. Las circunstancian influyen enormemente: ¿Tan meritorio es el pueblo sueco y tan punible el de Zimbabwe? Como en las vidas personales, a la larga el esfuerzo suele pagar, pero se producen accidentes que truncan esperanzas, circunstancias que hacen difícil lo que debería ser fácil.

¿Se puede culpar a los béticos de que al legislador se le ocurriera la genialidad de confiscar el patrimonio de los clubes para malvenderlo a prisa y corriendo en condiciones óptimas para especuladores y oportunistas? Auque haya una lógica obligación de vigilancia ¿Era verosímil que los aficionados intuyeran la trascendencia que iba a tener la debilidad de la última Directiva de designación democrática y su presidente, por el papel de control que en ella iba a jugar un oscuro vicepresidente económico? En todo aquello poco se le pede reprochar a la hinchada, lo reprobable no empezaría hasta más tarde, cuando los peores síntomas empezaron a dar la cara. Pero el tumor era ya enorme, la metástasis galopante, lo “fácil” se había tornado en labor titánica, ya no estábamos en Suecia sino en Zimbabwe.  Escribir comentario (1)

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En tiempos de crisis, hay que volver a las esencias

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¿Qué es el Betis? ¿Qué significa ser bético? ¿Cómo valorar el Beticismo? ¿Qué calado y profundidad tiene este sentimiento? ¿Hasta qué punto llega su universalidad? ¿La filosofía bética existe? ¿Qué legado hemos heredado y qué legado dejaremos? A bote pronto estas preguntas tienen segura respuesta en todos y cada uno de los béticos. Pero lejos de ser preguntas sabidas y, por tanto, vacías de contenido, deberíamos creer lo contrario. Uno no es bético y ya está. Uno es bético y ejerce de bético, incluso debería ser consciente de la responsabilidad que implica ser bético. Ser bético no es como un lunar que sale y ahí queda. Ser bético es una manera particular de estar en el mundo.

Pero ¿quién define las distintas fronteras, anhelos, significados, profundidad, universalidad, legado e incluso filosofía béticas? Es una pregunta difícil, y quizá en las encrucijadas que la dura historia bética sufre es donde habría que preguntarse, reproducirse, analizarse, sentirse. ¿Pero quién?

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El ansia de ayudar al Betis

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Fue temprano, muy temprano, cuando un bético de Montellano saltó de la cama el pasado miércoles. Un hombre humilde, como tantos y tantos que pueblan las gradas de nuestro campo los días de partido, de los que se quedan hasta el final cuando la suerte parece que nos abandona, pero de los que nunca abandona a su Betis.

Sus motivaciones, tan sencillas como su persona, hacer algo por el Betis. Ha oido que sus acciones, esos papeles que con esfuerzo pagó con la peseta de antes pueden servir para expresar todo lo que siente, toda esa rabia contenida, todo ese malestar que lleva dentro.

No me puedo poner en su piel bajando de la Sierra a Sevilla, comiéndose los kilómetros con el Betis al fondo. No puedo más que imaginar que lo poquito que tiene puede ponerlo al servicio del Betis, como ya ha hecho en otras ocasiones, como han hecho miles de béticos. Unas veces directamente, a través de esas acciones que han dormido el sueño eterno hasta que han visto la luz, o como han ayudado otros béticos a levantar peñas, a ser solidarios, a acompañar en viajes infinitos al Betis.

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Eusebio Ríos: Gigante entre los grandes

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Eusebio RiosCuando leí la noticia de la muerte de Don Eusebio, se me vino a la mente la imagen con la que habitualmente lo identifico. Es un partido del año 64. En la imagen, Ríos disputa la posición con un contrario. Al fondo, una grada abarrotada; en primer plano, un gigante de perfil, una estampa clásica del futbol de antaño, el capitán del Real Betis Balompié. Porque hablar de Don Eusebio es hablar del Betis. No es para nada casual, antes al contrario, que Don Eusebio viniese a nacer a finales de Marzo de 1935. Digo que no es casual porque, si bien vino al mundo en Portugalete, se cuidó muy mucho de hacerlo justamente para poder ser testigo aunque fuese desde la cuna de aquel título de Liga conquistado por el que años después sería su Betis del alma.

Tampoco es casual que su debut se produjese, como es de sobras conocido, en el primer derbi oficial que se disputó después de 15 años de travesía en el desierto: aquel legendario 2 a 4, asociado además al hecho de ser el primer partido oficial que tuvo lugar en el recién construido estadio nervionense. Corría el año de 1958: efectivamente, Don Eusebio ha venido a decirnos adiós justo 50 años después de su llegada, para dolor de todos y especialmente de los suyos.

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Yo NO doné sangre

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Donacion SangreCabe decir que hubo que cambiar con bastante rapidez el dispositivo preparado (cartelería, permisos y demás) por el cumplimiento de la sanción en La Cartuja. De la puerta de cristales pasamos a la esquina menos concurrida del Estadio Olímpico, la del lado noreste.

Aun así allí iba yo dispuesto a donar, con el miedo que me da eso. Al llegar, sobre las seis de la tarde había ya cola de béticos esperando en la puerta del autobús. En este caso con más "esfuerzo" por tener casi que buscar el autobús (ojalá en futuras ediciones no tenga que ser en el destierro).

Me puse el último, pero como parte organizadora pensé desde primera hora que mi sitio se lo debía siempre de dejar al bético que viniese con ganas de donar. Pues dicho y hecho, creo que cedí mi sitio unas cinco veces, pues hasta cinco veces que estaba en puertas de que una muy competente señora me hiciera la entrevista de rigor llegaba detrás un bético o una bética que quería donar.

Anécdotas pasaron unas pocas, por ejemplo cuando iba a hacer una foto a dos chicas que esperaban una se usentó, le pregunté a la otra por su amiga y me dijo: no, es mi hija. Cara colorada, pero qué bien quedé. Mientras, entraba y salía cogiendo instantáneas. Bolsas vacías se llenaban y engrosaban ese cargamento del vida de la que todos debemos ser responsables.

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