Informe Nº 1: La conversión del Betis en S.A.D. (1992)

El objeto de recuperar la información sobre el proceso que tuvo que vivir el Real Betis Balompié entre Marzo y Junio del año 1992, de una forma lo más rigurosa y documentada posible, es variado. Esta primera aproximación procura centrarse en una descripción de los hechos sin entrar en valoraciones acerca de las intencionalidades últimas de algunos de sus actores o los motivos por los cuales no tuvo éxito la alternativa de 3 bloques que en algún momento estuvo sobre la mesa. Ello no implica que en próximos informes esta cuestión no sea abordada.

El R.D. 1084/91, sobre Sociedades Anónimas Deportivas

Sería muy largo explicar la evolución económica de los clubes de fútbol españoles desde la llegada del balompié hasta el año 1990, así que nos situaremos directamente en ese año. En aquellas fechas la situación de los clubes –para variar- era de un alto endeudamiento, a pesar del Plan de Saneamiento de 1985. El descenso en recaudación por quinielas, el fiasco del Mundial 82, la "alegría" a la hora de gastar y muchos otros elementos habían llevado a los clubes a una situación complicada.

En ese entorno vuelve a plantearse un convenio de saneamiento, por el cual se asumía con cargo al erario público (parte del cual generado por el propio fútbol, como el caso de las quinielas) un volumen importante de las deudas tributarias y con la Seguridad Social, si bien condicionado al marco que se fija en las disposiciones adicionales de la Ley 10/1990, de 15 de Octubre, del Deporte: obligando a los clubes a adoptar la forma de Sociedades Anónimas Deportivas, salvo aquellos con saldo patrimonial neto positivo desde 1985, que quedaron excepcionados (Real Madrid, FC Barcelona, Osasuna y Athletic Club).

En desarrollo de la Ley del Deporte, el Real Decreto 1084/91, sobre Sociedades Anónimas Deportivas vendrá a determinar más detalles sobre plazos, establecimiento del capital mínimo, rondas de emisión de las acciones, etc. Un Real Decreto que introduce varios elementos discutibles, entre los que destaca la improrrogabilidad del plazo de una conversión imperativa, lo limitado de los plazos establecidos en las rondas de suscripción y el absurdo contable de establecer el capital social mínimo en función de las deudas de cada club. Más tarde profundizaremos en esta cuestión.

El Real Betis Balompié, en situación crítica

Obviamente, las consecuencias del Real Decreto 1084/91 fueron por barrios, en función de la situación coyuntural en la que cada club se encontraba. Clubes que años atrás se habrían encontrado en una situación crítica de verse obligados a convertirse en S.A.D. estaban ahora en mejor situación económica para encarar el proceso, y viceversa.

    Centrándonos en el Real Betis Balompié, puede afirmarse que ningún otro equipo (excepción hecha tal vez del Atlético de Madrid) se tuvo que enfrentar a las exigencias para entrar en el Plan de Saneamiento y la posterior conversión en S.A.D. en peores condiciones que el Betis en ese preciso instante: Tras años para el recuerdo, desde la Copa del Rey de 1977 hasta el subcampeonato dela Copa de la Liga de 1986, se inicia un periodo de 5 años de ruina deportiva y económica. Salen Hadzibegic, Calderón, Ortega, Alex y Parra, se empieza a rozar el descenso que se consuma en aquella promoción contra el Tenerife de 1989, se marcha entonces Retamero y entra Galera para intentar gestionar la ruina, se consigue el ascenso con Cardeñosa en el banquillo y se vuelve a dar el segundazo en 1991…

    El Betis de 1992 es un equipo de Segunda División, con una deuda (patrimonio neto negativo) de casi 3.000 millones de pesetas, con un presupuesto anual de poco más de 1.000 millones de pesetas, con problemas de liquidez y por el que nadie apostaría en cuanto a su entrada en el Plan de Saneamiento. Ni siquiera apostaría nuestro Ayuntamiento, cuyo alcalde había prometido en la campaña electoral solucionar el problema del Betis por la vía de la recalificación de los terrenos aledaños, que a lo máximo que se compromete es a un aval solidario para la entrada en el Plan de Saneamiento, desapareciendo posteriormente en la etapa de suscripción de acciones a diferencia de muchos otros consistorios.

    En estas circunstancias encara el Real Betis Balompié la primera de sus finales de ese año. Y el 27 de Marzo de 1992 el equipo al que muchos daba por muerto y excluido del Plan de Saneamiento, se salva… de momento. El mejor resumen, esta página de ABC del 28 de Marzo de 1992:

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1.175 millones de pesetas, capital mínimo a cubrir por el Betis

Como antes comentábamos, el capital social mínimo a cubrir se determina por el R.D. 1084/91 como la diferencia entre la deuda total (saldo patrimonial neto negativo) y las deudas que asumía el convenio de saneamiento. Por tanto, a mayores deudas acumuladas, mayor capital social, sin considerar el patrimonio del club (inmuebles, terrenos, plantilla, etc.), produciéndose la paradoja de que clubes con menor patrimonio deben constituirse en Sociedad Anónimas con un capital social muy superior al de otros clubes con mayor patrimonio. Un sistema que busca más un esfuerzo compartido entre Estado y aficionados a la hora de asumir las deudas calculadas en un momento coyuntural que un estudio riguroso sobre algo que iba a determinar la propiedad de los clubes y, por ende, de sus activos.

    En el caso del Real Betis Balompié, la entrada en el Plan de Saneamiento permite que la cifra a cubrir en concepto de capital social se reduzca… para situarse en nada menos que 1.175 millones de pesetas, la segunda cifra más alta de capital mínimo a cubrir del futbol español, con diferencia:

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NOTA: Se sitúa una marca en los 400 millones para visualizar lo que significa la aportación de los “béticos de a pié” en términos comparativos, como luego veremos.

Solo el Atlético de Madrid, equipo de primera división que ese año queda en 4ª posición, se encuentra teniendo que cubrir un capital superior (2.060 millones, nada menos): su entrada en el Plan de Saneamiento y posterior conversión en S.A.D. se ejecuta por Gil en unas circunstancias muy peculiares, como es sobradamente conocido por diversas sentencias.

    Así pues, el Real Betis Balompié, equipo de segunda división, tendrá que afrontar el reto de cubrir un capital social record y muy superior al resto, para encarar un cambio sustancial en los clubes para el que los aficionados en general, como se evidenciará muy pronto, no están lo que podríamos llamar “sociológicamente preparados”, salvo en contadas excepciones.

Primera y segunda rondas

La Disposición Transitoria Tercera del R.D. 1048/91 fijó para todos los clubes la forma de suscripción y desembolso del capital, en tres rondas:

    a) Una primera ronda, de 30 días de duración, en la que se ofrecería las acciones en que se dividiese el capital a los socios del Club, de modo que cada uno pudiese suscribir igual número de acciones.

    b) Una segunda ronda, de otros 30 días, en la que se ofrecerían las acciones nuevamente entre los socios que ya hubiesen suscrito en la primera opción y también bajo condiciones de igualdad.

    c) Y, si con las dos rondas anteriores no se agotaba el capital, una tercera a decidir por la Junta Directiva, “recabando la opinión de los socios”. En la mayoría de clubes esta ronda fue abierta a todos los aficionados y no pudo durar más de un mes ante la inminencia del 30-J.

    Si no se cubría el capital en este plazo, que finalizaba el 30 de Junio, el club en cuestión no se convertía en Sociedad Anónima, dejaba de serle de aplicación el Plan de Saneamiento y se le ubicaba en 2ª división “B”.

Por tanto, en solo tres meses se situaba a los aficionados de los clubes de Primera y Segunda División ante el imperativo de cubrir un capital mínimo (en el caso del Betis, muy elevado) y cambiar la filosofía de simpatizante o socio-abonado por la de accionista. Un cambio de filosofía que se asumió de forma modélica en clubes como Valencia o Real Sociedad, con una importante suscripción en primera ronda por los socios de las dos o tres acciones que les correspondían, lo que permitió cubrir su capital con un alto grado de atomización; también cabe mencionar a Español o Deportivo.

    Pero en el resto de clubes de Primera y la mayoría de los de Segunda no se asumió la filosofía como en los casos mencionados, y las primeras rondas se quedaron muy lejos del espíritu de reparto entre la masa social que la inspiraba. Una evidencia que resultó especialmente significativa en Andalucía, donde las cifras de suscripción en primera ronda fueron escasas, por motivos sociológicos, económicos o los que fuera.

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En el caso del Real Betis Balompié los 17.536 socios abonados a esa fecha tuvieron opción de adquirir hasta 6 acciones, desde el 28 de Marzo hasta el 7 de Mayo. Cada acción costaba 10.000 pesetas de nominal, lo que hoy equivaldría a unas 16.000 pesetas aplicando el IPC, si bien una comparación más atinada puede ser recordar que aquel año 92 un carnet de Gol Sur costaba 15.000 pesetas. Tres acciones, por tanto, venían a equivaler a dos abonos anuales de Gol.

Las expectativas no eran malas, más aún considerando que el pistoletazo de salida coincide con un desplazamiento masivo a Chapin, el 28 de Marzo, en el "partido del exilio": Cerca de 15.000 béticos demostraron que en las gradas sabían hacer lo que venían haciendo desde hacía décadas. Claro que lo de ser accionista era una "asignatura nueva".

En cuanto a la suscripción de acciones, más de 3.000 socios ejercieron su derecho, suscribiendo en primera ronda poco más de 100 millones en acciones. Una cuantía escasa pero que daba pié a la esperanza, pues se contaba con la respuesta de los béticos con mayor capacidad adquisitiva en segunda ronda, y con la del conjunto de la afición en tercera.

    Pero la segunda ronda, del 8 de Mayo al 2 de Junio, resultará un completo fiasco: solo 31 millones recaudados. De poco servirá la reunión con significados béticos del 22 de Mayo y, especialmente, la Asamblea convocada por Galera el 2 de Junio, donde se producen notables ausencias y solo se ofrecen compromisos de suscripción de cuantías superiores a los 3 millones de pesetas por parte de un reducido grupo (el propio Presidente Galera, Espina, Márquez Medrano, Romero y el Vicepresidente Económico Lopera). Y el Real Betis Balompié se enfrenta al hecho de que a falta de un mes solo ha ingresado 132 millones de pesetas.

Resulta bastante interesante para la comprensión de aquel proceso en los clubes (y de la propia legislación) la lectura de la interpelación de un Senador popular al entonces Ministro de Cultura, Javier Solana -se refleja sin intencionalidad ni lectura política, como un mero documento ilustrativo-:

La tercera ronda (Junio de 1992): “La Infantería Bética”

Y, finalmente, a partir del 2 de Junio se pone en marcha la tercera ronda de suscripción, totalmente abierta. La directiva decide ir haciendo pública la lista de accionistas en el diario ABC, que ofrece su colaboración. Y empiezan “las listas”.

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    Lo que se vive en aquellos escasos 21 días hábiles (pues los fines de semana cerraban las entidades financieras y la suscripción solo era posible directamente en las oficinas del club) es ciertamente un episodio digno de mención, en el que muchos béticos se volcaron no por un sentido de la propiedad o por poseer una acción, sino más bien por dar un dinero a fondo perdido para su Betis.

    Son las listas de las 10.000 pesetas, las 20.000, las 60.000, en muchos casos efectuando un solo ingreso para luego repartir las acciones entre hijos o nietos, la de gente que rompía las huchas y la de alguno que ingresaba a nombre de un nonato. Y también son las listas de algunos millones a través de las peñas de muchos pueblos a título nominativo, más de 30 millones que yo recuerde, sin contar con lo que suscribiesen los peñistas a título individual.

 

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Para hacerlo más difícil todavía, el beticismo tendrá que superar el 17 de Junio el tremendo palo de perder la promoción ante el Deportivo en un Villamarín lleno hasta la bandera, que ve como el equipo se queda un año más en Segunda. Un palo durísimo que dejará tocada la recaudación durante dos o tres días, al cabo de los cuales volverá a intensificarse el ritmo de suscripción… o donación, para un equipo de Segunda División cuyas expectativas de convertirse en S.A.D. son remotas pues no solo dependen del esfuerzo de los béticos “de base” o de los béticos con mayor capacidad de desembolso, sino también de las negociaciones con Proinsur y las Cajas para convertir la deuda en acciones.

 

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Y llegó el 30 de Junio …

Lo del 30 de Junio de 1992 –o tal vez su leyenda- es sobradamente conocido: Las negociaciones con Proinsur y las Cajas no llegan a concretarse, aunque existen diversas versiones sobre el particular. A falta de horas para el cierre del plazo el Real Betis Balompié "solo" cubría 500 millones de capital social, 400 de ellos aportados en participaciones inferiores al 1%. Y el Vicepresidente económico, Manuel Ruiz Ávalo, se desmarcó de la reunión en la que según él no terminaban de concretarse soluciones y presentó ante Notario en forma de avales los 680 millones de pesetas que se precisaban para completar el capital social mínimo exigido por el Real Decreto. Unos avales cuya principal garantía pudo ser, según testimonios del entonces Presidente y otros directivos, justamente los 500 millones que hasta la fecha los béticos de base habían depositado en cuentas bancarias.

La operación en solitario del Vicepresidente Económico permite eludir un descenso administrativo a 2ª división “B” con casi 3.000 millones de patrimonio neto negativo, a costa de que el control absoluto del club quedase en manos de una sola persona.

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Minoritarios... pero con mucha “masa”

En definitiva, el esfuerzo de muchos béticos no sirvió para conseguir cubrir el capital, ni siquiera para que el mismo tuviese mayoría de los pequeños accionistas. En solo tres meses de 1992 se configura por tanto la estructura de propiedad del nuestro club, fruto de una conversión forzada en el tiempo, con una primera fase mal planteada y una tercera fase de escasa duración, con una cuantificación contable del capital social conceptualmente absurda y que nos sitúo ante un reto mucho mayor que el resto. Una estructura de propiedad que pervive básicamente hasta la fecha: .

 

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    ¿Cuánto se hubiese cubierto con 400 millones de pesetas en cualquier otro club? Si prescindimos del Atlético de Madrid (donde los aficionados solo cubrieron unos 100 millones de pesetas), y del Murcia y el Málaga (que no cubrieron su capital), nos encontramos con un dato: La cuantía

    aportada por los “béticos de a pié” hubiese garantizado el control mayoritario en cualquier club de Primera o Segunda División, en porcentajes del 55%-60% y superiores.

    De hecho, como ya hemos comentado con anterioridad, solo las aficiones del Valencia y la Real Sociedad suscribieron en paquetes pequeños cifras superiores a los 400 millones de pesetas reunidos por los béticos “de a pié”, y en cifras similares las aficiones del Español y el Deportivo.

    En las siguientes tablas se reflejan los capitales mínimos que hubieron de ser cubiertos por los clubes de Primera y Segunda, la forma en que se cubrieron y el porcentaje que se hubiese suscrito con los 400 millones aportados por el beticismo en paquetes pequeños. Pedimos disculpas de antemano si hay errores en algún caso, atribuibles a las fuentes consultadas (principalmente, diario ABC).

 

 

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En definitiva, lo que pretendemos transmitir es una idea: Que siendo obvio que en la actual estructura de propiedad del Real Betis Balompié la única que prevalece -por desgracia- es la opinión del accionista mayoritario, hay otro aspecto que debería tenerse en cuenta. Nos referimos a la opinión de quienes, siendo minoritarios, aportaron en 1992 una cuantía tal que les hubiese dado el control de cualquier otro club. No nos parece que este dato sea baladí.

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