El ansia de ayudar al Betis
Fue temprano, muy temprano, cuando un bético de Montellano saltó de la cama el pasado miércoles. Un hombre humilde, como tantos y tantos que pueblan las gradas de nuestro campo los días de partido, de los que se quedan hasta el final cuando la suerte parece que nos abandona, pero de los que nunca abandona a su Betis.
Sus motivaciones, tan sencillas como su persona, hacer algo por el Betis. Ha oido que sus acciones, esos papeles que con esfuerzo pagó con la peseta de antes pueden servir para expresar todo lo que siente, toda esa rabia contenida, todo ese malestar que lleva dentro.
No me puedo poner en su piel bajando de la Sierra a Sevilla, comiéndose los kilómetros con el Betis al fondo. No puedo más que imaginar que lo poquito que tiene puede ponerlo al servicio del Betis, como ya ha hecho en otras ocasiones, como han hecho miles de béticos. Unas veces directamente, a través de esas acciones que han dormido el sueño eterno hasta que han visto la luz, o como han ayudado otros béticos a levantar peñas, a ser solidarios, a acompañar en viajes infinitos al Betis.
Como no, es un bético más, de los que bajan o suben, o vienen o acompañan a su Betis en viajes que en la ida siempre son como son, ilusionantes; aunque en la vuelta nunca se sepa lo que traerán de gloria o disgusto tantísimos kilómetros.
Es un bético de base más, que el miércoles se acercó al acto de sindicación, y que llegó con doce horas de adelanto, porque acudió a la llamada equivocando la hora, tanta era su ansiedad por ayudar a su Betis.
Allí estaba, en el puesto de los monos, 8:30 de la mañana. Bético hasta las trancas, para sindicar en la tercera oleada, esa que parecía más calmada pero que de nuevo ha asombrado a todos, incluso a ellos mismos. Nuestro bético llegó temprano a defender a su Betis, a defenderlo de otra manera, entendiendo que el acto de sindicación era por la mañana, y allí estaba, tal y como le demandaba su corazón.
Sabemos de su historia por una nota dejada en la puerta del bar, porque no podía quedarse hasta la noche. Es este bético el que hace que la asociación siga viva y más fuerte. Esta es su historia, simple, la de un bético normal y heróico al mismo tiempo, como la de muchos béticos. Este bético es el Betis, y es un gusto estar a su lado.
Gracias a él, el Betis está vivo, por él y por ellos; los verdaderos salvadores del Betis.
By Juan Carlos Pérez
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