Eusebio Ríos: Gigante entre los grandes
Cuando leí la noticia de la muerte de Don Eusebio, se me vino a la mente la imagen con la que habitualmente lo identifico. Es un partido del año 64. En la imagen, Ríos disputa la posición con un contrario. Al fondo, una grada abarrotada; en primer plano, un gigante de perfil, una estampa clásica del futbol de antaño, el capitán del Real Betis Balompié. Porque hablar de Don Eusebio es hablar del Betis. No es para nada casual, antes al contrario, que Don Eusebio viniese a nacer a finales de Marzo de 1935. Digo que no es casual porque, si bien vino al mundo en Portugalete, se cuidó muy mucho de hacerlo justamente para poder ser testigo aunque fuese desde la cuna de aquel título de Liga conquistado por el que años después sería su Betis del alma.
Tampoco es casual que su debut se produjese, como es de sobras conocido, en el primer derbi oficial que se disputó después de 15 años de travesía en el desierto: aquel legendario 2 a 4, asociado además al hecho de ser el primer partido oficial que tuvo lugar en el recién construido estadio nervionense. Corría el año de 1958: efectivamente, Don Eusebio ha venido a decirnos adiós justo 50 años después de su llegada, para dolor de todos y especialmente de los suyos.
Don Eusebio ha dicho adiós siendo una leyenda en vida. Y no solo una leyenda en verdiblanco, más que merecida por la década que lució las trece barras, la temporada que se sentó en el banquillo y el extraordinario trabajo que desempeñó en diferentes puestos técnicos. Porque Don Eusebio dejó también su huella en Huelva, donde consiguió el primer ascenso a Primera del Recre. Y en Valladolid. Y en Murcia, donde es recordado como el artífice del mejor equipo de su historia.
Hoy, todos lloramos a Eusebio Ríos. Lo lloramos no solo porque se haya ido la persona, pues quién más derecho y motivos tienen para hacerlo son quienes lo echarán de menos a diario. Lo lloramos porque se lleva con él su memoria, sus vivencias, sus sensaciones, su forma de sentir al Betis, tantas y tantas cosas que podría haber seguido contándonos y enseñándonos. Lo lloramos porque es uno más que se va, junto a tantos otros que se han ido tan recientemente: Portu, Artola, Hon, “Séneca”… llevándose todos ellos tanto Betis, tantísimo, con ellos… llevándose su memoria, que es parte de nuestra memoria…
La memoria… En otras ocasiones y ámbitos no futbolísticos he reflexionado con compañeros sobre la extraordinaria crueldad de esas enfermedades que te arrancan la memoria. Porque cuando pierdes la memoria pierdes la identidad y, con ella, te pierdes a ti mismo…
Afortunadamente nosotros, todos nosotros, los que formamos “eso” llamado Betis, tenemos una identidad colectiva, un sentimiento colectivo, un alma colectiva. Y esa identidad colectiva se sustenta, se sustancia, justamente en la memoria colectiva. Esa memoria que se remonta a 1907, 101 años nada menos, y que nos habla de Asencio y Jones, de partidos en El Prado, del Patronato Obrero, de Aranda, de toreros legendarios, de gloria en Santander, de espanto y estadios ocupados, de debacle y travesías del desierto, de inundaciones, de tortillas, de marchas verdes, de Saro y Peral, de Varela y Del Sol, de regreso a Primera, de Copa de Ferias, del Sol que nos cambió la vida, de patas de caoba, de ascensos y descensos, de gloria en el Calderón, de flacos y vendavales, de buenaventuras y conchas, de lágrimas en el Bernabeu, de gloria –otra vez- en el Calderón, de noches de estrellas y noches oscuras… todo eso está dentro de nosotros, dentro de nuestra memoria colectiva, dentro de “eso” que nos hace ser lo que somos….preview.jpg)
Ayer, se nos fue Don Eusebio al Cuarto Anillo. Para nuestra desgracia, ya no podrá seguir aportando pedazos de su memoria para construir la nuestra, esa que tenemos la obligación moral de cuidar y enriquecer para que sea legado de los pequeños que ahora se enfundan –con orgullo, más aún en determinadas circunstancias- la camiseta de las trece barras. Eso sí, tendremos, afortunadamente, a Roberto para que nos hable de su padre. O a quienes lo conocieron, para poder contarnos más cosas sobre él, sobre el Betis. Pero no lo tendremos a él, y esa es la mayor de nuestras pérdidas.
Ayer se nos fue un gigante. Ayer murió el hombre y nació no ya la leyenda –que ya lo era-, sino el mito. Ese mito que, junto a otros, es imprescindible para que quienes sentimos “eso” tengamos referencias a las que acudir y que recordar siempre.
Ayer se nos fue un gigante. Un profesional que cuidaba todos los detalles. Un director deportivo que trabajó con tanta eficacia que consiguió que el dinero que entró en los años 90 por la eclosión de los derechos televisivos sirviese para construir un equipo que nos dio muchas tardes de alegría y gloria.
Ayer se nos fue un gigante. Un capitán del que cuentan que, cuando el Betis bajó a segunda en 1966 por un gol fatal en La Rosaleda, golpeaba el suelo del vestuario con los puños mientras lloraba de rabia por su Betis. Un gigante caido, roto por la pena, que volvería a levantarse como tantas veces hizo ese otro gigante que es el Real Betis Balompié. Como tantas veces lo hará.
Descanse en Paz, Don Eusebio Ríos Fernández.
Por Discóbolo
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