Yo NO doné sangre
Cabe decir que hubo que cambiar con bastante rapidez el dispositivo preparado (cartelería, permisos y demás) por el cumplimiento de la sanción en La Cartuja. De la puerta de cristales pasamos a la esquina menos concurrida del Estadio Olímpico, la del lado noreste.
Aun así allí iba yo dispuesto a donar, con el miedo que me da eso. Al llegar, sobre las seis de la tarde había ya cola de béticos esperando en la puerta del autobús. En este caso con más "esfuerzo" por tener casi que buscar el autobús (ojalá en futuras ediciones no tenga que ser en el destierro).
Me puse el último, pero como parte organizadora pensé desde primera hora que mi sitio se lo debía siempre de dejar al bético que viniese con ganas de donar. Pues dicho y hecho, creo que cedí mi sitio unas cinco veces, pues hasta cinco veces que estaba en puertas de que una muy competente señora me hiciera la entrevista de rigor llegaba detrás un bético o una bética que quería donar.
Anécdotas pasaron unas pocas, por ejemplo cuando iba a hacer una foto a dos chicas que esperaban una se usentó, le pregunté a la otra por su amiga y me dijo: no, es mi hija. Cara colorada, pero qué bien quedé. Mientras, entraba y salía cogiendo instantáneas. Bolsas vacías se llenaban y engrosaban ese cargamento del vida de la que todos debemos ser responsables.
Ya, sobre las 19:30, a media hora de empezar el partido estaba de nuevo a las puertas del cubículo de entrevistas (magnífico el autobús de donación) entró una chica preguntando si podía donar... que le faltaban 15 minutos para quedar con su pareja y que siempre que veía un autobús de donantes de sangre se paraba y donaba. ¿Qué decir? Pues adelante, y ya todas las camillas ocupadas.

Interior del autobús de donación
Total, que me quedé sin donar, me hice la promesa de ir, por primera vez, al centro de transfusiones que tengo a 10 minutos del trabajo. Supongo que para eso el jefe me dejará escaquearme...
Muchas gracias a todos los béticos que donaron su sangre, su sangre verde esperanza. Y decir que el centro de transfusiones funciona constantemente en la Avenida de la Borbolla.
Por Juan Carlos Pérez
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