La Junta de la vergüenza (crónica en ABC)

Reproducimos por su interés la crónica de C. OLIAS en ABC de Sevilla:

El relato de una noche de ruido y furia vivida desde dentro de la sala

[AUDIO: ¡¡¡BETIS, BETIS, BETIS!!!, réplica al "lopera, lopera, lopera"]

La junta de accionistas más bochornosa de la historia del Betis merece un análisis profundo, con detalles. Fue un acto vergonzante para el beticismo, un día triste pero para no olvidar. La fractura quedó más patente que nunca, pero los modos fueron tan opuestos como sus ideas. Y esos gestos dan y quitan razones.

 

Tenían que poner orden en la sala José León, presidente, y Jaime Rodríguez Sacristán, secretario del consejo, pero fue imposible. Unas veces por la incapacidad de éstos para imponerse y otras muchas porque el revuelo organizado era tal que el gobierno de la situación sólo demandaba la presencia de la autoridad policial que, testimonialmente, se acercó al vestíbulo sin llegar a entrar en la sala.

Había presencias «extrañas», hasta cincuenta invitados, que pronto dejaron claro por qué vía les había llegado la autorización para estar en la sala y, sobre todo, cuál era su cometido. Seguro que el notario, Luis Peche, nunca se vio en una igual. El ambiente estaba caldeado. Se anunciaron los turnos en el uso de palabra solicitados mientras Lopera se pertrechaba tras sus gafas hojeando los documentos de su defensa. El 57,02 por ciento de acciones en manos del consejo dejaba claro que no iba a ocurrir nada inesperado. Sin embargo, los directivos escudriñaban cada una de las caras de los opositores, situados de manera compacta en un ala de la sala.

Antes de entrar en faena tomó la palabra César Gil de Biedma, que actuaba en representación de Francisco Galera Ruiz, hijo de Hugo Galera. Al solicitar su intervención, ya fue reprendido por los hooligans pro-consejo, la oposición se quejó y Lopera dijo sus primeras palabras. «Es que todo el escándalo viene de ahí», aseguró señalando a la grada opositora. Gil de Biedma declara «nula de pleno derecho» la junta por dos incorrecciones legales y anuncia que impugnará la asamblea. El secretario del consejo lo desestima y remite a los tribunales. La junta se declara «válidamente constituida».

Los tres primeros puntos del orden del día se refieren al presupuesto. Para el punto cuatro, referente al informe solicitado por las relaciones entre el Betis y las empresas Encadesa y Tegasa, toma la palabra Lopera, que defiende que desde el 20-12-2004 hay un contrato patrimonial con Tegasa para proteger a los canteranos. «Para que no pase lo que ocurrió con Carvajal, Loreto y Conte. Con este contrato no nos han quitado a ningún jugador -«¡Tristán!», se le replicó-». También justificó la relación con Tegasa para que los extranjeros menores de 25 años y con más de tres de contrato, caso de Sobis, no queden libres como recoge la FIFA. El contrato de imagen les ata al club.

Llega el turno de Encadesa, que tiene un contrato de prestaciones y servicios con el Betis desde el 4-7-2003. «Todo está auditado -insiste Lopera-. Encadesa nunca ha traspasado a ningún jugador, ni Tegasa». Explica que hay un canon de 12 millones que el club percibiría de Encadesa si descendiera.

En el sexto punto, referente al convenio con el Ayuntamiento para la terminación del estadio, se explica lo conocido, pero Lopera garantiza que Encadesa le da una señal al Betis de 8,6 millones, y «hasta 30 con todo el beneficio para ti -el Betis- si no hay convenio finalmente, sin intereses». Aplausos de su público. Los neutrales asisten atónitos a lo que ocurre. Lopera ya no les convence.

El punto caliente

Llegan las intervenciones. Se han registrado hasta 28. La mayoría son de opositores. Todas, contra el consejo. Con la primera se prevén dos cosas: la noche será larga y los turnos de palabra no se respetarán. Se levanta de su asiento Leonardo Rodríguez de la Borbolla, de «Béticos por el Villamarín» y recibe pitos de la zona loperiana. Su queja recibe la reprobación directa de Lopera. «Aquí no vas a venir tú a engañar a nadie», espeta. Tiene que intervenir hasta el notario: «Que no se convierta esto en una riña de un patio de vecindad, que se respete al señor que hable». Sin embargo, los invitados por el consejo hacen bien su labor y Rodríguez de la Borbolla apenas puede decir que no ha ido a la junta para que le insulten. «Siento tristeza y vergüenza», concluye entre pitos de una parte y aplausos de otra. La división es ya peligrosa.

Juan Salas es el siguiente. Protesta al consejo: «¿Hay quien puede creer que un bético le quiere hacer daño a su Betis? La crispación ha sido provocada por nuestra casa. Los accionistas somos los que tenemos que estar aquí. Los demás sobran». Los gritos y las amenazas suben de tono desde las últimas filas y la zona de invitados. Personajes con vestimenta alusiva al grupo Supporters son los más activos en sus despropósitos amenazadores. El notario vuelve a intervenir: «Si esto sigue así, el primero que se va soy yo. Así es imposible levantar acta».

León pide hasta cien veces silencio, pero no expulsa a nadie de la sala. César Gil de Biedma retoma la palabra y pregunta directamente: «¿Por qué el Betis cede su explotación y fuentes de ingresos a terceros? ¿Por qué son sociedades vinculadas con Lopera las que se lucran en perjuicio del resto de accionistas del Betis?». Las preguntas se acumulan, y nadie en la mesa toma nota. Lopera escudriña con detalle a cada interviniente. Está con media sonrisa y cuchichea con León y Sacristán. No se le ve cómodo, pero tampoco exaltado. Sus seguidores -que recibirán entradas del derbi como contraprestación a este servicio- hacían el trabajo sucio.

Llega el turno de «Por Nuestro Betis», con Camilo Puerto, Íñigo Vicente y José Antonio Tirado, entre otros. Se pregunta por la gestión del club, por los 12 millones en caso de descenso... Se acusa al consejo de parcialidad porque cada intervención es interrumpida sin que los accionistas puedan expresarse. José Pozo se extraña de que se apruebe un presupuesto de 33 millones cuando el Villarreal maneja uno de 66 y «en la acera de enfrente, de 80». Los hooligans le gritan «sevillista» y rechazan que se hable de «números, números». ¿De qué se va a hablar si no en una junta de accionistas? El revuelo es máximo y las amenazas, parte ya de la banda sonora de la asamblea, se agrian.

Se piden oficinas dignas, que se mejore la cantera, que se expliquen las ventas de Joaquín y Oliveira... Pero la falta de respeto constante de los loperistas, empeñados en hacer que a los oídos de Lopera no llegue lo que éste no quiere escuchar, hacen levantar de nuevo la voz al notario: «Señores, la imagen del Betis está por encima de todas las cosas». Emilio Soto sale para llamar a la Policía Nacional, que llega al vestíbulo pero no accede a la sala.
Es el turno de Adolfo Cuéllar, de la Liga de Juristas Béticos, que solicita incluir un punto más en el orden del día, facultado por la Ley de Sociedades Anónimas, para que se ejercite la acción social de responsabilidad para sus administradores por «autorizar y consentir» las relaciones de Tegasa y Encadesa con el Betis, algo que salda en un perjuicio económico para el club de 19.119.255 euros. El secretario del consejo lamenta que aparezcan «sorpresas jurídicas» durante la junta, y así zanja el tema.

La plebe loperiana se cansa de gritar y quiere carnaza. «¡Que dé la cara Galera!». Y el notario vuelve a intervenir para recoger insultos. León, en un ejercicio de cinismo, replica: «Señor notario, yo creo que aquí no se ha insultado a nadie». El esperpento está formado y se teme por la seguridad de algunos asistentes. La actitud de Lopera, adoctrinando a León y a Sacristán a que quitaran el turno de palabra, pidieran silencio o pasaran al siguiente punto, fue destapada en público por Salvador de la Vega, y los decibelios suben y suben. Al «¡Lopera, Lopera!» de los más exaltados respondió la oposición con un sentido y racial «¡Betis, Betis!». Se acaba el turno de intervenciones.

Un vídeo del 92

El consejo da por contestadas todas las preguntas pero Lopera coge el micrófono para dar su opinión. «Ha salido un señor a manifestar que si no vendemos a Joaquín y Oliveira no tenemos beneficios, pero es que si no los vendemos no podemos traer a Pavone, Sobis...». Es interrumpido esta vez por la oposición. Es la última intervención, la perla loperiana más allá de la medianoche, tras dos horas y media de bochorno. Antes de las predecibles votaciones, Lopera hace comentarios a sus adláteres en voz baja pero sin saber que por los altavoces se le puede oír: «¿Que por qué los he invitado? Porque son béticos».

Se vota sin sobresaltos amparándose el consejo en su mayoría absoluta y se aprovecha una pausa para proyectar «un vídeo histórico del Betis», sí, del 92, en el que aparece Lopera sentado con su consejo de entonces, para luego proyectarse una entrevista a Galera en Canal Sur. Los opositores ya se habían levantado y salieron entre amenazas de muerte e insultos, avergonzados de que el Betis de hoy haya quedado en esto. Lamentable.

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